Daniel Sottomaior Publicado: 17/03/2002
Actualizado: 17/03/2002

NOTA DEL EDITOR

   El siguiente texto fue escrito en respuesta al ensayo publicado en 15/02/2002 en el diario Estado de São Paulo. El ensayo, intitulado "Es preciso soñar" fue escrito por João Mellão Neto. Por motivos de derechos de autor no reproduciremos aquí el texto de Mellão.

SI, ES PRECISO SOÑAR

de Daniel Sottomaior

Cuenta el periodista João Mellão, en el texto al Estado de São Paulo ("É preciso sonhar", 15/02/02), que en la pared de su escritorio hay un mapa. Un mapa de 1750 del que gusta mucho porque aparece la isla de San Brandán. En esa isla todos eran hermanos y vivían en abundancia y en bienaventuranza, según anunciara un monje, mas de mil años antes. Sin peste, hambre, guerra o muerte.

Es claro que nunca existió tal isla, como tantas otras cosas anunciadas por los monjes. Mas su persistencia en los mapas nos habla de la persistencia de algunos sueños que nos son caros. Segundo Mellão, "los sueños, para los hombres, son más fuertes que la razón". Para ser mas preciso, se diría que muchos sueños, para la mayoría de los hombres, son mas fuertes que la razón.

Por sintetizar objetivos y deseos, los sueños sin duda nos son necesarios. El sueño de vivir un día mas o más de un siglo, o el sueño de curar una dolencia, o de hacer felices a aquellos a quienes amamos, todos esos son motores de progreso y del bienestar de la humanidad. Con todo, cuando esas ideales son secuestrados por la irracionalidad, se debe esperar lo peor. Cuando no es preciso respetar ni la lógica ni las evidencias, entonces el hombre puede ser tan malo y sanguinario cuanto desee, pues es posible sustentar cualquier cosa de manera irracional.

Mellão cita algunas de las tragedias que la humanidad ha vivido -- debidas no la grandeza de los sueños, mas si a la pequeñez de la razón. El período del Terror en la revolución francesa y la eugenesia que floreció en el siglo 20 son solamente dos de los incontables eventos en que ríos de sangre corrieron cuando sobraron emociones y falto racionalidad. El articulista nos recuerda que "las personas carecen de algo mas, sea lo que fuere, para consolar su alma, un objetivo mayor para dar sentido a su existencia". Creo que hasta ahí en todos los puntos concordamos.

Pero en tanto, hay un reparo importante a hacer. Mellão afirma que "hoy en día incluso los hombres de ciencia, cuanto más avanzan en investigación pura, en las fronteras del conocimiento, mas se inclinan ante la idea de un Dios Supremo". Es preciso comenzar corrigiendo ese dato. En verdad, los científicos están creyendo cada vez menos en dioses.

En 1914, una encuesta del eminente psicólogo James H. Leuba con 1000 científicos aleatoriamente seleccionados reveló que 58% de ellos eran descreídos o tenían dudas en la existencia de un dios personal. Esa fracción subía a casi el 70% entre los científicos de mayor peso. Veinte años después, Leuba repitió su investigación y constató que aquellos números habían aumentado al 67 y 85%, respectivamente. En 1998, Larson y Witham publicaron en la revista Nature otra encuesta que mostraba que el número de grandes científicos que creían en un dios personal cayó a la mitad desde 1934: de 15%, pasó a un ínfimo 7%.

La creencia de esos científicos en la inmortalidad humana siguió camino semejante: de 35%, cayó a 18% y por fin al 7.9% en la encuesta de Larson. Por tanto, cuanto más avanza la ciencia, menos de los grandes científicos creen en dioses. Es mas: existe una correlación que muestra que cuanto de mas grado el científico, menos cree. No sabemos si la creencia y la graduación son causa y efecto, efecto y causa, o ambos efectos de una causa remota común. Mas de un modo o de otro, cuanto mas los científicos avanzan, menos se inclinan ante la idea de dioses.

Todavía mas, los niveles de creencia de entre los científicos son bajísimos con relación al resto de la población. Al menos los pueblos mas secularizados de hoy consiguen llegar cerca de los tímidos índices obtenidos entre los científicos de comienzo del siglo pasado.

No podría haber mejor ejemplo de la tensión entre sueño y razón que las creencias místicas de grandes científicos. Aceptar la creencia es abdicar de la racionalidad, y parar de hacer ciencia. Todos quieren soñar con dioses y vida eterna. Son sueños grandiosos e seductores. Mas son solamente sueños. Al contrario de los ideales de construcción del conocimiento y de la felicidad del hombre, no son sueños a partir de los cuales se pueda construir alguna cosa. Son utopías para las cuales no es posible siquiera caminar. Simplemente no hay nada a hacer.

Peor: esas utopías no solo han desperdiciado preciosos recursos de la humanidad, como alimentado gran parte del río de sangre apuntado por Mellão. La inexistente isla de Brandán también es una metáfora perfecta para la creencia en el dios de moda en cada época y en la inmortalidad del hombre. Los religiosos de todos los tiempos siempre gastaron enormidades de dinero, tiempo y esfuerzo construyendo barcos para llegar a aquella isla inexistente. Muchos se dedican exclusivamente a eso. Otros tantos se ahogan en el camino. Los gobiernos les conceden exención de impuestos (y, en el Brasil, se obliga a los alumnos de la red pública a aprender la geografía de la isla). Se degüellan unos a los otros insistiendo en el modelo cierto de embarcación. Censuran a aquellos que no construyen barcos, y prefieren llevar una vida productiva y ética sin barcos ni islas. Ultimamente, lanzan aviones contra torres de aquellos que no quieren entrar en su barco.

Si, es preciso soñar. Mas es aun más preciso saber la diferencia entre sueño y realidad.

  • Traducido por: Teofobo
  • Sugerencias para correcciones en la traducción y en la gramática del texto son bienvenidas.