S.T.R. Publicado: 18/12/2001
Actualizado: 18/12/2001
EN DEFENSA DE LA RAZÓN

de Isaias Raw

Estoy llegando a los 70 años. Mi generación ha asistido a más revoluciones científicas, tecnológicas y sociales que todas las generaciones anteriores. Con esa experiencia de vida, me preocupa que lo que estamos dejando para nuestros nietos: un mundo donde las personas desconfían de los científicos y se entregan a creencias absurdas. Un mundo de violencia, injusticia y desencanto, que abre espacio para la explotación del desespero de la población.

Durante décadas, luché desesperadamente para traer racionalidad a las generaciones que me sucederían, confiando en la ciencia y sus conquistas. El paseo del hombre por la Luna, las fotos de los planetas distantes, las computadoras, la televisión directa desde los satélites, las vacunas que eliminaron de la faz de la Tierra la viruela y la poliomielitis, los remedios diseñados en computadoras que curan el cáncer detectado a tiempo. Los transplantes de corazón y riñón, la biotecnología generando plantas más resistentes y más productivas, que acabaron con la profecía de Malthus, apartando el peligro del hambre universal. Y, a pesar de eso, ¿qué cosechamos? Una generación de crédulos sin capacidad de crítica.

Las mismas personas que siguen carreras tecno-científicas no entienden la racionalidad de la ciencia. Consumen toneladas de pseudomedicamentos sin ningún efecto positivo para su organismo. Engullen comprimidos de vitaminas que serán eliminadas con la orina. Consumen extractos de plantas con substancias tóxicas y abandonan el tratamiento médico. Gastan fortunas en diferentes marcas de champú que contienen siempre los mismos detergentes pero anuncian "alimentos" para los cabellos, cuando éstos reciben nutrientes directamente de la sangre que irriga sus raíces. Hay los que untan el rostro con colágeno - cartílago de patas de vaca - y huevos y suponen que están rejuveneciendo.

Fui profesor de colegio y de facultad de medicina. Hice investigaciones, formé media docena de discípulos que hoy investigan, son profesores universitarios que están formando medio centenar de mis nietos intelectuales. En la Universidad, desarrollé un nuevo modelo de enseñanza media. Revolucioné la enseñanza de las ciencias en la escuela e improvisé en la televisión el primer programa de enseñanza de ciencia. Producimos nuevos libros substituyendo totalmente el contenido de la enseñanza.

Por todo eso, quedo pasmado al ver que, a las puertas del año 2000, las personas leen horóscopos sin jamás comparar las previsiones de la víspera con lo realmente acontecido. Desconfían de los científicos, mas creen en los cartománticos que prevén lo obvio. Formamos una generación de pseudo-educados, que quieren ser engañados en las farmacias, por los curanderos que enfilan agujas en sus pies o manipulan su columna, por los ufólogos, que ven extraterrestres llegar y salir sin ser detectados por los radares. Una generación que se deja llevar por embaucadores y charlatanes con sus pociones, por anuncios deshonestos en la televisión o por oradores a quienes entregan parte de su salario. Salen los descubrimientos y las experiencias científicas y entran los duendes, ángeles y brujos.

Mas no todo está perdido. Aún hay quien encuentra motivaciones para guiarse por el racionalismo y por la ciencia - y para mudar. Y hay mucho que hacer. Es preciso combatir la irracionalidad y las mistificaciones, donde quiera que ellas se manifiesten: en la televisión, en los lugares de trabajo, en las facultades. Podemos comenzar por la educación. Hoy, las personas pasan un tercio de su vida en las aulas sin aprender y a nadie le importa. Criamos robots que nos permiten tener una producción cada vez mayor de bienes, pero quedamos prisioneros de una sociedad cada vez menos justa. En una sociedad en que la ciencia amplia las expectativas de vida, que ofrece una mayor longevidad, no ofrecemos a la mayoría de la población seguridad física en el acceso a lo que la medicina moderna puede ofrecer -ni tampoco una garantía de techo y comida.

En fin, creamos un campo propicio para la proliferación de los engañadores. Es la hora de quebrar la insensibilidad de los gobiernos y de los líderes para intentar corregir esto. No será entregándonos a irracionalidades como saldremos de este atolladero y construiremos un futuro mejor para nuestros nietos.

***

El Dr. Isaias Raw es director del Instituto Butantan, en São Paulo, y miembro de la Academia Brasileira de Ciências (ABC).

Este artículo fue originalmente publicado en la revista Veja de 1996-09-04, y su republicación ha sido autorizada por el autor.

Comentarios

Anderson Simões Traldi - andersontraldi@ig.com.br - São Paulo São Paulo, enviado el 28/11/2000

Mis felicitaciones al Dr. Isaias Raw por su clara y providencial explanación de nuestros graves problemas socio-educativos. Espero que textos como este sean más comunes pues ayudan a propagar el pensamiento racional, esto es de suma importancia para una formación intelectual saludable de nuestros futuros educadores y gobernantes.

  • La publicación fue autorizada por el autor del ensayo original.
  • El ensayo base original está disponible en http://www.nitnet.com.br/~kruse/arq/defesa.htm
  • Traducido por: Teófobo
  • Sugerencias para correcciones en la traducción y en la gramática del texto son bienvenidas.