Publicado: 12/02/2001|
Un hombre dejó las nevadas calles de Chicago para pasar unas felices vacaciones en la soleada Florida. Su esposa estaba en viaje de negocios y habían planeado encontrarse en Miami al día siguiente. Cuando el hombre llegó al hotel, después de haber pasado el día en la playa bajo los cocoteros y harto de refrescos tropicales, decidió enviar a su mujer un e-mail para contarle las maravillas del lugar. Como no encontró el papel donde tenía apuntada la dirección, se arriesgó a abusar de su memoria y rezar para que fuera correcto. Pero, por desgracia, se equivocó en una letra y el mensaje se dirigió hacia la esposa de un pastor protestante que había muerto el día anterior. Por la noche, esta mujer decidió leer el correo para ver las condolencias que había recibido; cuando miró el monitor dio un respingo, pegó un grito y cayó tiesa al suelo, muriendo al instante. Al oír el grito, sus familiares corrieron hacia el lugar donde se encontraba, y leyeron, horrorizados, el siguiente texto de un mensaje de correo que mostraba el monitor: Querida esposa:
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