Atheos Publicado: 22/04/2003
Actualizado: 22/04/2003
LA VERDADERA RAZÓN DEL CELIBATO CLERICAL

de Mauro Chaves

El escándalo de la pederastia estallado en el seno de la Iglesia Católica, que llevó a uno de los mayores abochornamientos sufridos hasta la fecha por un papa al fin de su pontificado, a una crisis humillante del clero norteamericano y a la exposición de abusos criminales de religiosos, hace mucho tiempo encubiertos en el mundo entero - y, claro, también en Brasil1 -, ha llevado a una comprensible discusión respecto al sentido del celibato clerical. Algunos representantes de la Iglesia se han visto muy mal, al tratar de transmitir la idea de que una cosa (pederastia) no tiene nada que ver con la otra (celibato) porque "personas casadas también hacen sexo con menores" y "no todos los pederastas son padres" (¡de verdad!).

En un reciente artículo de la Folha2, un monje benedictino y profesor de Teología trataba de minimizar la incidencia de la pederastia en el clero de los Estados Unidos, refiriéndose a una estadística científica según la cual "apenas" 6% de los padres de allá tuvieron contacto sexual con menores - "4% de ellos con adolescentes y el restante con niños". Y el monje finalizaba: "Es decir que el 94% de los sacerdotes estadounidenses se mantienen libres de culpa en este sector." Para tener una mejor idea de la monstruosidad de ese abuso, en términos porcentuales, sólo hay que imaginarse que en el total de la población de la ciudad de São Paulo hubiera (considerando el 6%) más de 600 mil pederastas - ¡400 mil "dedicados" a adolescentes y 200 mil a niños! (¿Cómo protegeríamos a nuestros hijos de ese colosal ejército de degenerados?) Pero es evidente que la alta incidencia de ese grave desvío de comportamiento, en el clero, no se repite en toda la sociedad, lo que lleva a considerar el celibato como uno de los factores (no el único, es obvio) de la gran frecuencia de esa práctica, en el medio clerical.

Pero lo que parece más extraño, en todo el debate que se da alrededor del celibato clerical, en el cual no faltan doctas citaciones bíblicas, conceptos teológicos sobre la "vida indivisa", referencias históricas y hermenéuticas conciliares - con citas de los Concilios de Elvira (del año 307), de Letrán (1139) y otros tecnicismos interpretativos de las normas católicas -, es el hecho de no hacerse ninguna referencia a la verdadera razón por el cual, a lo largo de los siglos, la Iglesia Católica Apostólica Romana ha impuesto una regla que no es dogma, no es exigencia del Derecho Canónico y significa una violencia contra la racionalidad y el espíritu lógico, tan caros al pensamiento aristotélico-tomista, uno de los más preciosos fundamentos teóricos de la doctrina católica.

El celibato es ilógico porque, en términos de principio, va en contra de uno de los sacramentos más valiosos de la Iglesia, expresión mayor del mandamiento primordial de generación de la vida, contenido en la sentencia "creced y multiplicaos". ¿Por qué extraños designios a aquellos que asumen la vocación sacerdotal se les debe impedir crear lo que es la célula matriz, el núcleo central de la sociedad humana -o sea, la familia? ¿Qué pizca de coherencia existe en prohibir formar una familia a los mayores defensores de la familia?

El argumento que ha sido usado y repetido ad nauseam por los portavoces de la Iglesia, en favor del celibato clerical, se refiere, en última instancia, a una cuestión de concentración en el trabajo - en la función religiosa - que exigiría el alejamiento de cualquier otro compromiso, especialmente de naturaleza familiar. Dentro de ese razonamiento, la familia - eje de la procreación y de la perpetuación de la especie humana, hecha a imagen y semejanza de Dios - sería una especie de obstáculo, de cercenamiento al pleno ministerio sacerdotal. ¿Cómo se explicaría, entonces, el hecho de que en todas las demás religiones la familia, en lugar de estorbar, sea siempre un importante apoyo, para los que se dedican, integralmente, a la función religiosa, ya sean evangélicos, judíos, musulmanes, budistas o cualquier otra creencia que profesen y cultos que conduzcan? ¿Sólo la familia del religioso católico ha de ser un estorbo?

El celibato también es ilógico porque los padres siempre ejercieron, dentro y fuera del confesionario, un papel de consejeros preferenciales, para los devotos, sobre cuestiones de relaciones conyugales, de educación de hijos y otros problemas específicos de la familia, sobre los cuales jamás tuvieron vivencia directa - aparte de la experiencia de su propia infancia o juventud, con padres y hermanos. Claro que esos religiosos no son los únicos en poner en práctica el ejercicio de la "inexperiencia aconsejadora". Conocemos el caso de un ciudadano que, habiendo fracasado en todas sus relaciones afectivas y, al mismo tiempo, en todas las profesiones por él intentadas (de ingeniero, filósofo, industrial plástico, bailarín y psicólogo), simplemente se decidió por adoptar la profesión de ¡psicoterapeuta de matrimonios! Pero no exageraríamos al afirmar que, cuando el confesionario hace el papel de diván, siempre repite el extraño método de opinar sobre lo desconocido...

Ahora, yendo al punto central de la cuestión, que es la verdadera razón del celibato clerical, es necesario decir, sin disfraces, que la razón es sólo una: no es teológica, ni filosófica, ni ética, ni religiosa, sino estrictamente económica, patrimonial, de sucesión hereditaria y de previsión social. La Iglesia Católica es la heredera testamentaria o legataria de todas las personas que entran en una de sus órdenes religiosas o pasan a integrar su gran organización burocrática. En prácticamente todas las legislaciones de los pueblos del mundo, desde tiempos inmemoriales, en el orden de sucesión hereditaria los hijos son siempre privilegiados y los cónyuges también ocupan un lugar importante - lo que equivale a decir que las leyes de las naciones siempre protegen la continuidad del sustento material de las familias, a falta de sus proveedores originales. En nuestro Derecho Civil, por ejemplo, habiendo herederos necesarios, el testador sólo puede disponer de la mitad de la herencia. Por ocasión de inventarios y reparticiones, al tratarse de familias en las que hay herederos pertenecientes a órdenes religiosas católicas, la primera preocupación usualmente es la de "pagar la parte de la Santa Sede" - y dígase de paso que ésta siempre fue celosa y muy rápida en el cobro de lo que le incumbe. Sin celibato la Iglesia tendría que enfrentar la competencia de los herederos necesarios de sus forzados testadores.

Por otra parte, en casos de muerte, de separación conyugal, de desamparo de huérfanos, de la necesidad de fijación de pensiones y prestaciones de alimentos para hijos y/o cónyuges de sacerdotes - si no existiera el celibato clerical obligado -, ¿hasta qué punto la Iglesia Católica no podría verse obligada a asumir, civilmente, una responsabilidad - o carga económico-financiera - la cual, aun con su inmenso patrimonio, no desearía sufragar?

Es necesario, por fin, que la Iglesia, por sus representantes y portavoces, asuma una posición transparente en este debate y argumente partiendo de sus reales - y no engañosos - motivos.

***

Mauro Chaves es periodista, abogado, escritor y productor cultural.

Notas del Traductor

1 - El autor es brasileño. Volver

2 - El periódico Folha de São Paulo. Volver

  • La publicación fue autorizada por el autor del ensayo original.
  • El ensayo base original está disponible en http://www.estado.estadao.com.br/editorias/02/05/07/aberto001.html
  • Traducido por: Juan Cisneros
  • Sugerencias para correcciones en la traducción y en la gramática del texto son bienvenidas.