Luis Fernando Verissimo Publicado: 17/04/2003
Actualizado: 17/04/2003
BANQUETE CON LOS DIOSES

de Luis Fernando Verissimo

Preparando su libro sobre el emperador Adriano, Marguerite Yourcenar encontró en una carta de Flaubert esta frase: "Cuando los dioses habían dejado de existir y el Cristo todavía no había venido, hubo un momento único en la Historia, entre Cicerón y Marco Aurelio, en que el hombre se quedó solo". Los dioses paganos nunca dejaron de existir, a pesar del triunfo cristiano, y Roma no era el mundo, pero en el breve momento de soledad sorprendido por Flaubert el hombre occidental se vio libre de la metafísica - y no le gustó, claro. ¿Quién quiere quedarse sólo en un mundo que no domina y que apenas comprende, sin el apoyo y el consuelo de una teología, cualquier teología? El monoteísmo paternal sustituyó a las divinidades cohabitacionales de la antigüedad y en poco tiempo Constantino adoptaría el Cristianismo como la religión del imperio y el hombre perdería su oportunidad de emanciparse de los dioses.

La ciencia, por lo menos hasta Einstein, nunca pretendió desafiar a la metafísica dominante, aun cuando desmentía sus dogmas. Copérnico cumplía sus deberes de canónigo de la catedral de Frauenburg mientras ideaba la herejía que destruiría mil años de enseñanzas de la Iglesia, y su tratado revolucionario sobre el Universo heliocéntrico fue dedicado, sin ninguna ironía que se sepa, al papa Paulo III. Galileo también fue inocentemente a Roma a demostrar en la corte papal el telescopio con el cual confirmara la teoría explosiva de Copérnico, tal vez el ejemplo histórico más depurado de mencionar la cuerda en casa del ahorcado. Cuando fue juzgado por la Inquisición, concordó en renunciar a la idea demente de que la Tierra se movía en torno del Sol, para continuar vivo; y la frase famosa que habría dicho en tono bajito - "E pur se muove" - sólo fue agregada al relato del juzgamiento un siglo más tarde, probablemente también originando la frase "si no es verdade, es una buena oportunidad".

Cuando el astrónomo Joseph Halley, el del cometa, entusiasmado con la recién publicada Principia de Isaac Newton, quiso dar una idea de la importancia de la teoría newtoniana de la gravedad y del movimento de los astros, dijo que, con ella "fuimos admitidos en los banquetes de los dioses" - pues hasta entonces la ciencia solamente había especulado sobre la geometría celestial - decia algo así como si Woody Allen dijese que hacer cine serio, en vez de comedias, sería como sentarse a la mesa con adultos. Con Newton pasamos a conversar seriamente con los dioses. Es curioso que Halley haya preferido "dioses" a Dios, evocando el tiempo pre cristiano en que las divinidades andaban entre los hombre y podían hasta ser sus comensales. El trabajo de Newton hacía parte de la "filosofía natural", el seudónimo con que, en la Europa del siglo 17, la ciencia especulativa convivía con la teología. Ir a los banquetes con los dioses no era exactamente un acto de rebeldía con la teología, sino una manera de traer la metafísica de vuelta a un plano humano. La lucha por la emancipación continúa hasta hoy.

  • La publicación fue autorizada por el autor del ensayo original.
  • El ensayo base original está disponible en http://www.estado.com.br/editorias/2001/09/07/pol010.html
  • Traducido por: Cecilia Hurtado
  • Sugerencias para correcciones en la traducción y en la gramática del texto son bienvenidas.